
Confieso que las tiendas de segunda mano, si de ropa se trata, siempre me produjeron rechazo. Años atrás, visité algunas a instancias de una amiga que hacía compras muy buenas. Nunca encontré nada que valga la pena, incluso me parecían lugares tristes y algo descuidados.
Sin embargo, hace un tiempo, ante una fiesta importante que tenía, busqué y busqué en los lugares que suelo comprar, un vestido que fuera realmente especial, y no encontré nada que se ajustara a mi idea. Y si bien no contaba con un presupuesto ilimitado, la suma a invertir no era menor. Nuevamente a instancias de esta amiga, visité una de estas tiendas. A diferencia de mi limitada experiencia anterior, ésta me impactó desde el momento de entrar. El cuidado de los detalles era evidente. En nada se diferenciaba de una tienda normal.
Encontré lo que buscaba, casi inmediatamente. En realidad, algo más que lo que buscaba. Compré un vestido de diseñador, que estaba impecable. Era evidente que sólo se había usado una vez, y eso sólo porque sabía donde lo estaba comprando. Es más: compré también los zapatos que lo acompañaban (la suela no tenia la más mínima evidencia de haber sido usada). Tal vez tuve suerte de coincidir exactamente con las medidas de la dueña anterior, pero había de todo.
Mi conclusión fue la siguiente: en los últimos tiempos este estilo de tienda ha cambiado radicalmente, aquellas situadas en zonas caras de la ciudad, tienen artículos especialmente buenos, y en excelente estado. Pierdan los prejuicios, recorran un poquito, y se van a sorprender con los resultados.
Imagen: sxc.hu













